El combustible ya pesa el 45% en los costos logísticos: la señal que empieza a desafiar al diésel
El mundo de la logística se está transformando a una velocidad inesperada. Mientras el gasto en diésel sigue siendo uno de los principales quebraderos de cabeza para las firmas de transporte y distribución, los camiones eléctricos comienzan a demostrar una ventaja tangible: una fuerte reducción del gasto operativo.

En trayectos urbanos y en servicios de última milla, el costo energético de un camión eléctrico puede llegar a ser hasta un 70% más bajo que el de uno diésel. Y si la operación está bien afinada, el costo total por envío puede disminuir hasta un 40%.
El salto no consiste únicamente en reemplazar gasoil por electricidad. El verdadero cambio aparece cuando las compañías replantean su lógica de trabajo: rutas diseñadas de forma inteligente, control de la autonomía, recargas nocturnas y menos kilómetros sin productividad. “Durante años, el debate giró en torno a la autonomía o la potencia. Hoy, la pregunta clave es cuánto cuesta mover cada unidad y cuánto cuesta realizar cada entrega”, explica Guillermo Castelli, fundador de Quadminds.
En Argentina, donde el combustible representa una porción fundamental del costo operativo, el contexto actual comienza a favorecer especialmente a las flotas eléctricas urbanas. A diferencia de los vehículos tradicionales, muchas empresas pueden recargar sus camiones durante la noche en sus propios depósitos, evitando tiempos muertos y reduciendo de manera considerable el gasto energético.
Además, la integración de fuentes renovables —como paneles solares en los centros logísticos— permite recortar aún más el gasto operativo y ganar mayor previsibilidad en los costos. Y al eliminar el uso de combustible líquido en la rutina diaria, muchas compañías también sortean uno de los problemas históricos del sector en la región: las pérdidas y el robo de diésel, un costo silencioso que golpea directamente la rentabilidad de las flotas.
Pero esta transición también exige operar de manera diferente. Los vehículos eléctricos introducen nuevas variables a considerar: autonomía disponible, puntos de carga, tiempos de trabajo y planificación en tiempo real. Una mala gestión puede derivar rápidamente en pérdidas de eficiencia o incluso en unidades inmovilizadas. “Un camión eléctrico no perdona los errores operativos. Si la ruta está mal diseñada o la recarga no fue bien planificada, puedes terminar con un vehículo parado o incluso necesitando asistencia en medio de la jornada”, sostiene Castelli.
Por eso, la tecnología empieza a ocupar un lugar central. Las plataformas de optimización logística permiten calcular las mejores rutas, reducir kilómetros innecesarios, monitorear el consumo energético y coordinar la operación en tiempo real. “El ahorro no surge solo por cambiar el motor. La verdadera diferencia está en cómo gestionas la flota. Electrificar sin optimizar significa desperdiciar gran parte del beneficio”, agrega.
Hoy en día, la autonomía de muchos camiones eléctricos ya permite cubrir sin problemas los recorridos urbanos y regionales de distribución, especialmente en tareas de última milla y abastecimiento metropolitano.
Según especialistas del sector, el crecimiento del e-commerce, la concentración urbana y el aumento sostenido de los costos logísticos están acelerando la adopción de modelos eléctricos en diversos mercados de Latinoamérica.
En este marco, Argentina comienza a mostrar una oportunidad concreta: menor costo por envío, reducción en mantenimiento, mayor previsibilidad operativa y un modelo logístico más eficiente. “La discusión ya no es si los camiones eléctricos van a llegar. El cambio ya está en marcha. Ahora, la ventaja competitiva estará en quién logre operarlos de manera más inteligente”, concluye Castelli.









